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El Elefante en la habitación

En muchas organizaciones, hay un elefante en la sala. Es visible, ocupa bastante espacio, pero nadie parece dispuesto a nombrarlo.

No es un elefante cualquiera. Está compuesto por piezas de rompecabezas: complejas, entrelazadas, desordenadas. Algunas encajan, otras no: los procesos, las decisiones, las dinámicas no resueltas, los roles difusos, las conversaciones pendientes.

De alguna forma, todos lo observan y hablan de él. Quizás algunos lo miran de reojo; otros fingen que no está; otros toman notas. Pero nadie actúa para sacarlo de allí donde molesta.

Pero el elefante no desaparece. Se mantiene allí, día tras día, ocupando el centro de la organización, afectando su movilidad, su comunicación, su crecimiento.

Esta metáfora es una escena habitual en culturas donde lo operativo prima sobre lo estratégico, donde lo urgente desplaza lo importante, y donde los desafíos estructurales son pospuestos indefinidamente.

El primer paso para resolver lo complejo es atreverse a mirarlo de frente. Comprender de qué está hecho. Nombrar las piezas. Reunir a las personas adecuadas para armar el rompecabezas. Porque lo que hoy es un elefante que incomoda, mañana puede ser la base de una organización más consciente, más ágil y cohesionada.

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